sábado, 24 de septiembre de 2011

Tengamos un corazón íntegro


Devocional # 54                  24 septiembre 2011


Salmos 119:80 Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para no sea yo avergonzado.

Consideremos está inspirada oración como conteniendo la seguridad de que quienes se apoyan en la Palabra de Dios, jamás se avergonzarán de haberse apoyado en la Palabra de Dios.

La petición que se hace en este pasaje es de un corazón íntegro avalado por la Palabra de Dios.

Amemos la verdad de la Palabra de Dios, reconozcámosla y obedezcamos; de otra manera no seremos íntegros en los estatutos del Señor. ¿Hay muchos íntegros en estos días malos?

¡Quiera el Señor que tanto el autor de este Salmo y nosotros como lectores seamos uno en los Estatutos del Señor!. Muchos serán avergonzados en el día cuando sea manifestado el Señor. Entonces comprenderán la locura de sus pensamientos, y estarán llenos de remordimientos a causa de su orgullosa incredulidad y su obstinada desconfianza en el Señor.

Proverbios 4:
18  Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
 Que va en aumento hasta que el día es perfecto.
19  El camino de los impíos es como la oscuridad;
 No saben en qué tropiezan.

Los justos resplandecerán como el sol. Quienes han sido calumniados e injuriados por creer en Cristo y su Palabra; verá, que en aquel día será cambiada su vergüenza en gloria.

Presentemos al Señor como petición nuestra este texto de Salmo 119:80, y tengamos la seguridad de que esta promesa se cumplirá en nosotros. El Señor nos concederá la gracia de ser íntegros, y también (Él) nos guardará seguros.


Bendiciones
Pbro. Gilberto Flores Elizondo
Pastor de la:
Iglesia Nacional Presbiteriana Camino Verdad y Vida

Tel: (81) 8352 6165

viernes, 16 de septiembre de 2011

Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida


Devocional # 52                  16 septiembre 2011

Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto:
Apocalipsis 2:
2  Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; 3  y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. 4  Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. 5  Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.
6  Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.
7  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios


Nadie puede dar la espalda en la batalla, ni negarse a ir a la guerra santa. Si queremos vencer, es forzoso pelear y proseguir luchando hasta vencer a nuestros enemigos;
de lo contrario, la promesa no es para nosotros, ya que sólo pertenece «al que venciere». Según nos dice este texto: Debemos vencer a los falsos profetas que se han introducido en el mundo y todos los males que acompañan sus enseñanzas. Debemos vencer la cobardía de nuestro corazón y la tendencia a dejar nuestro primer amor. Leamos y oigamos todo lo que el Espíritu dice a la Iglesia de Éfeso.

Por la gracia de Dios obtenemos la victoria, y ésta la lograremos ciertamente siguiendo a nuestro victorioso Capitán, Cristo, seremos admitidos en el mismo centro del paraíso de Dios,
y nos será permitido pasar por delante del querubín con su espada de fuego y llegaremos al árbol de la vida por él guardado, de cuyo fruto, simbólicamente nos lleva a pensar, que disfrutaremos de la vida eterna. De este modo escaparemos de la muerte, que fue la sentencia lanzada contra el pecado.

Esforcémonos a seguir a nuestro victorioso Capitán. Huir del conflicto significa perder los goces del nuevo y más excelente Edén. Pelear hasta vencer es andar con Dios en el Paraíso.


Bendiciones
Pbro. Gilberto Flores Elizondo
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lunes, 12 de septiembre de 2011

El que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna


Devocional # 51                  12 septiembre 2011

Gálatas 6:8    El que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

Quizá alguien pensará que sembrar es una ocupación inútil porque depositamos buen trigo en la tierra y ya no lo vemos más.

Sembrar para el Espíritu también puede parecer una quimera, un sueño solamente, porque nos negamos a nosotros mismos y en apariencia nada recibimos. Pero si sembramos para el Espíritu procurando vivir para Dios, obedeciendo su voluntad, esforzándonos en darle solo a Él la gloria, nuestra siembra llevará mucho fruto.

La vida es nuestra recompensa: la vida eterna. Esta vida eterna la poseemos tan pronto como comenzamos a conocer a Dios, entramos en comunión con Él, y nos gozamos
con Él. Esta vida sigue su curso como un río que va ensanchándose y profundizando “hasta que el día es perfecto” Proverbios 4:18, que es cuando estemos para siempre en la presencia del Señor.

No sembremos hoy para nuestra carne porque la siega será corrupción, ya que la carne siempre tiende a eso;  por el contrario, venciéndonos a nosotros mismos con la santidad, vivamos para fines más elevados, más puros y espirituales, buscando la gloria de nuestro Dios por la obediencia a su Espíritu de gracia.

¡Qué siega tan admirable será la siega de la vida eterna! ¡Qué gavillas de bendición eterna recogeremos! ¡Qué día de fiesta el día de tan hermosa siega! ¡Señor, concédenos
por amor de tu Hijo, que seamos del número de estos sembradores!


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Pbro. Gilberto Flores Elizondo
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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Jehová te ha entregado la tierra

Devocional # 50                  6 septiembre 2011


Deuteronomio 1:21 Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.

Existe una herencia de gracia que debemos tener la valentía de conquistar para que llegue a ser posesión nuestra.  Puedes ser valiente en la fe, ferviente en el amor y fecundo en trabajos; nada puede impedirlo, pero para eso es preciso subir y tomar posesión.

La experiencia más dulce y la gracia más preciosa son para nosotros, tanto como para cualquiera de nuestros hermanos. Jehová nos la dio y nadie podrá negar nuestro derecho: subamos, pues, y poseámoslas en su nombre.

Lo que el Señor nos ha entregado como herencia de gracia y hemos conquistado no es para disfrute personal, sino todo lo que está delante de nosotros es  y debe ser conquistado para Jesús. No debe existir pueblo ni lugar que no le esté sometido. Frente a nosotros está nuestro prójimo, no como nuestro enemigo, no para competir con ellos, destruirlos o juzgarlos sino para socorrerles, es nuestro material de trabajo. Con valor  caminemos hacia adelante, porque así ganaremos para Jesús las moradas sombrías y los corazones endurecidos.

No dejemos morir a nadie en la calle por no tener bastante fe en Jesús y en su Evangelio para subir y poseer la tierra. No hay lugar por tenebroso que sea, ni persona tan
degradada que no esté al alcance del poder de la gracia. ¡Echemos fuera toda cobardía! Por la fe marchemos hacia la conquista. “No con espada, ni con ejército, sino con su Santo Espíritu”



Bendiciones

Pbro. Gilberto Flores Elizondo;
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viernes, 2 de septiembre de 2011

Dios destruye los sabios en su sabiduría

Devocional # 49                  2 septiembre 2011

1 Corintios 1:19  Pues está escrito: destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos.

Este versículo constituye una amenaza para los sabios de este mundo, pero para el creyente sencillo es una promesa. Quienes tienen la profesión de sabios procuran destruir
la fe de los humildes; pero sus esfuerzos resultan inútiles.

Sus argumentos se quebrantan; sus teorías se desmoronan, y sus proyectos artificiosos quedan al descubierto antes que lleguen a tener cumplimiento.

El Evangelio no ha sido aniquilado, ni lo será mientras viva el Señor. Si fuera posible acabar con Él, hace mucho tiempo que habría desaparecido la tierra.

Nosotros no podemos destruir la sabiduría de los sabios, tampoco es necesario que lo intentemos, porque la obra está en mejores manos que las nuestras. El mismo Señor dice:
«Destruiré», y Él nunca habla en vano. Por dos veces declara su propósito en este versículo, y podemos estar seguros que no abandonará su propósito.

¡Dios sabe (y lo hará a su tiempo) desbaratar toda la filosofía del «pensamiento: soy sabio, moderno y hago lo que quiero; » de este mundo, cuando Él pone su mano! Toda su hermosa apariencia queda reducida a la nada y destruye la madera, el heno y la hojarasca.

Está escrito que así será. ¡Señor, acelera el tiempo y haz que triunfe tu Palabra! ¡Amén, amén!  Habacuc 3:2  Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí.  Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos,  En medio de los tiempos hazla conocer;  Pero en la ira acuérdate de la misericordia.  



Bendiciones

Pbro. Gilberto Flores Elizondo;
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