jueves, 9 de junio de 2011

Antes que clamen, responderé


¡Qué rápido es el obrar de nuestro Dios! El Señor nos oye antes de que le llamemos, y a veces nos responde con la misma rapidez.

Previendo nuestras necesidades y oraciones, su Providencia, de esta forma dispone las cosas, que antes de que se sienta la necesidad, ya queda ésta remediada, y antes de que sobrevenga la lucha, estemos armados contra ella.

Tal es la prontitud de la Omnisciencia, y más de una ocasión la hemos experimentado. Cuando ni siquiera sospechábamos que pudiera sobrevenirnos la aflicción, ya contábamos con el consuelo poderoso destinado a sostenernos.

¡Cuán presto está Dios a responder a nuestras oraciones! La segunda cláusula nos recuerda al teléfono.

Dios está en el cielo y nosotros moramos en la tierra, pero Él hace que nuestra palabra corra con tanta rapidez como la suya. Cuando oramos, hablamos al oído mismo de Dios.
Nuestro benigno Mediador presenta al momento nuestras súplicas a su Padre, el cual las despacha favorablemente. ¡Grande privilegio poder orar así!

¿Quién no se decidirá a orar, sabiendo que el Rey de Reyes le está escuchando? Oraré hoy con fe, creyendo no sólo que seré oído, sino que estoy siendo escuchado ahora mismo, no sólo que obtendré respuesta, sino que ya la he obtenido.

Espíritu Santo, ayúdame a orar así. “¡Bendito seas mi Dios que tuviste y sigues teniendo misericordia de nosotros hijos tuyos!

martes, 7 de junio de 2011

El Señor me ayuda


Jehová el Señor me ayudará. Isaías 50:7 (leer todo el capítulo 50).

En esta profecía las palabras son del Mesías en el día de su obediencia hasta la muerte, cuando ofreció su cuerpo a los azotes de sus verdugos, y sus mejillas a quienes
Mesaban (arrancaban) sus cabellos. Confiaba en el auxilio divino y esperaba en Jehová.

Si ponemos en la balanza nuestros sufrimientos junto a los sufrimientos del Mesías. Al compararlas creo que nuestros sufrimientos son como las partículas de polvo sobre el platillo de la balanza, El Señor se encontraba en una posición especial, porque, como representante de todos los pecadores y sustituto de todos ellos, era necesario que el Padre le abandonara y que su alma sintiera toda la amargura de la separación.

A nosotros no se nos exige tanto; no nos hemos visto obligados a exclamar: « ¿Por qué me has desamparado?» (Aunque a veces lo hacemos por ignorancia o ingratitud). Aun así, nuestro Salvador confió en su Señor. ¿No puedes confiar tú también?

Él murió por nosotros, cargando así en Él nuestra culpa para que no fuéramos abandonados y desterrados del paraíso divino para siempre. Confía, ten valor cada día.

En los afanes de este día, exclama: «El Señor Jehová me ayudará».

Vayamos a nuestra vida diaria donde nos movemos, confiados en Él. Estemos con la  certeza de la ayuda del Omnipotente, ¿puede haber alguna carga excesivamente pesada para nosotros? Empieza con gozo este día, y que ninguna sombra de duda cruce entre tu mente y el resplandor de su rostro sobre nosotros.

¿Sigues dudando de su ayuda?

Bendiciones

viernes, 3 de junio de 2011

Volveré a ver y se gozará vuestro corazón.


Juan 16:22 Os volveré a ver y se gozará vuestro corazón.

La promesa  de Jesús es que vendrá de nuevo y cuando nos vea y nosotros le veamos a Él, habrá gran gozo. ¡Ojalá vuelva pronto el Señor!
Mientras Él regresa esta promesa se cumple cada día en otro sentido. Nuestro bondadoso Señor repite en muchas ocasiones su «volveré a ver» cuando habla con nosotros. Nos dio el perdón, y cada vez que nos ve entristecidos a causa de nuestros pecados, nos repite palabras de absolución. Cada momento se cumple «volveré a ver», en cada circunstancia que vamos se cumple su «volveré a ver» y nuestro corazón se llena de gozo por su promesa.

Él nos ha revelado que hemos sido aceptados por Dios, y cuando ve cómo desfallece nuestra fe, se acerca nuevamente a nosotros para decirnos:
«Paz a vosotros», y nuestros corazones se llenan de gozo.

Amados hermanos en Cristo compañeros de los escuadrones del Dios Viviente,  las misericordias pasadas son garantía de bendiciones futuras. Si Jesús ha vivido con nosotros, nos verá de nuevo.

No mires los favores pasados como cosa muerta. para enterrarlos en el olvido, sino como simiente sembrada que crecerá y levantará su cabeza sobre el polvo, y clamará:
«Otra vez os veré». ¿Son estos tiempos oscuros porque Jesús no está con nosotros como lo estaba antes? Recobremos el ánimo, porque no está lejos. Más bien está aquí con nosotros. Por tanto, regocijémonos, porque aun ahora nos dice: «Otra vez os veré».


Bendiciones

miércoles, 1 de junio de 2011

Jehová va delante de ti


Deuteronomio 31:8
Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.

Aquí tenemos una hermosa promesa declarada por el Señor a través de Moisés; si tenemos frente a nosotros una empresa o una lucha peligrosa, nos infundirá valor para enfrentarla.

Si Jehová va delante de nosotros, estaremos seguros siguiéndole. ¿Quién puede oponerse a nuestro paso si el mismo Señor va delante de nosotros? ¡Compañeros hermanos militantes de los ejércitos del Dios viviente, avancemos con decisión! No dudemos la victoria es nuestra, “Si Dios por nosotros ¿Quién contra nosotros?” El Señor no sólo va delante: está con nosotros.

Arriba, debajo, alrededor y dentro, está el Omnipotente, el Omnisciente, el Omnipresente. En todo tiempo y por la eternidad, estará con nosotros como lo ha estado hasta el presente. ¡Cuánta fuerza nos debe dar en nuestro caminar diario este pensamiento! ¡Levantémonos con valentía, soldados de la Cruz, porque Jehová de los ejércitos es con nosotros!

Va delante de nosotros y con nosotros, nunca dejará de ayudarnos. Él no puede faltar a su palabra y jamás faltará; seguirá dándonos su ayuda según nuestra necesidad, hasta el fin.

Tampoco nos desamparará. Siempre será poderoso para darnos fuerza y ayuda hasta que hayan terminado los días de la lucha.

No nos intimidemos; porque Jehová de los ejércitos irá con nosotros a la batalla, va en medio de la batalla con nosotros; nos dará la victoria.

Bendito sea nuestro Capitán

miércoles, 25 de mayo de 2011

Las hojas del Árbol


Me comenta un hermano, que tiene una fe débil e insegura, no me dan ganas de orar, ¿habrá un remedio para eso?, me vino a la mente un peculiar pasaje en la Palabra de Dios; que creo que ha sido poco entendido y más bien ha despertado nuestra ágil mente.

Apocalipsis 22:
2  En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.

Como no tenemos los conocimientos que tenían de su propia cultura los cristianos del primer siglo se nos dificulta entender. El apóstol Juan estaba escribiendo en forma simbólica a estos hermanos para alentarlos a creer y confiar en Cristo, Jesús se nos presenta como el Árbol (o vid verdadera) verdadero.
Quiero suponer que el Espíritu Santo nos quiere decir que las “hojas” son los hechos, promesas, palabras, aflicciones de Jesús, todo esto es para sanidad de Su pueblo. Vino a mi mente un pasaje muy similar mucho más conocido:

Isaías 53:
4  Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
5  Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

La “hojas” son para la sanidad de Su pueblo, las heridas sangrantes, los golpes y magulladuras de su carne, los clavos, la lanza, la vara y el cruel látigo, son las “hojas” para la sanidad de Su pueblo. Jesucristo ocupó el lugar de los que creen en Él, si  confiamos en Él, nuestros pecados son perdonados porque mi Bendito sustituto ya fue castigado por lo que hicimos, fue castigado por algo Él no hizo, debemos entender que no se nos exige nada para nuestra salvación; sino que todo viene de Jesús,  no debemos ser heridos, ni golpeados, ni debemos sufrir. Él ya sufrió, sangró, fue castigado por nuestra causa, por mi culpa Él sufrió.

Nuestra vida debe ser encontrada en su muerte y nuestra curación debe ser encontrada en Sus heridas, cuando entendí esto fue cuando brotó la esperanza en mi vida. “Las hojas del Árbol, son para la sanidad de las naciones”, “Por su llaga fuimos nosotros curados”.
La sangre de Cristo es letal para la incredulidad, una visión de la humillación que Jesús recibió, vence cualquier pecado de soberbia y orgullo. Una vista a Aquel que salvó a otros y no pudo salvarse a sí mismo, vence cualquier egoísmo. Los ataques de ira son vencidos por la mansedumbre con que fue a la cruz que como cordero fue llevado al matadero.
Confía en Aquel siervo sufriente.
“Por su llaga fuimos nosotros curados”….seguiremos comentando este pasaje en el próximo devocional…

Bendiciones

Pbro. Gilberto Flores Elizondo; Pastor de:
Iglesia Nacional Presbiteriana
"Camino Verdad y Vida"
Tel: (81) 8352 6165

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