jueves, 24 de marzo de 2011

Spurgeon: Acerca de Jabez

Lo que el predicador más prolífico de la historia dijo, en 1871, acerca de la Oración de Jabez.

Por Chris Armstrong
Bruce Wilkinson, en su libro bestseller sobre el tema, nos ha recordado recientemente que Jabez
-- un hombre mencionado solamente una vez en la Biblia -- oró a Dios que este " ensanchara su
territorio," y Dios le concedió su petición.
Wilkinson, fundador y presidente de los Ministerios A Través de la Biblia, interpreta "territorio"
como "oportunidad para el ministerio evangelístico." Presumiblemente ninguna persona en la
historia del iglesia ha tenido un "territorio" más grande que el predicador Inglés del siglo
diecinueve Charles Haddon Spurgeon.
Mucho tiempo antes de la primera megaiglesia Spurgeon predicaba regularmente (a menudo 10
veces a la semana) a audiencias de seis mil personas o más. Una vez se dirigió a una audiencia
de 23,654 personas sin la ayuda de la amplificación. Vio crecer la congregación de su Iglesia en
New Park Street de 232 personas en 1854 a 5,311 en 1892, convirtiéndola en la congregación
independiente más grande del mundo. Primeros Ministros, presidentes y otros notables se
reunían para escucharle. Ningún predicador en la historia de la iglesia ha sido más prolífico: sus
sermones coleccionados suman más de 20 millones de palabras -- un número que equivale a los
27 volúmenes de la Enciclopedia Británica, novena edición. Muchos de sus libros y colecciones
han vendido alrededor de un millón de copias, y sus sermones todavía son leídos como modelos
el día de hoy.
¿No sería interesante si Spurgeon nos contara lo que pensaba de la "oración de Jabez"? Bien,
en realidad lo hizo. En el año 1871, estando ante su congregación que en el Tabernáculo
Metropolitano en Londres, Spurgeon tomó como su texto 1 Crónicas 4:10: "E invocó Jabes al
Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano
estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió."
(RVR60).
El contraste entre el sermón de Spurgeon y el reciente "folleto" bestseller de Bruce Wilkinson es
instructivo.
Comenzaremos con el libro de Wilkinson. Si todavía usted no lo ha leído alguien que usted
conoce si lo ha hecho. El lenguaje de su cubierta posterior ayuda a explicar su multimillonario
éxito de ventas: Con mucha emoción la propaganda de la copia busca llamar nuestra atención:
"¿Está usted listo... a pedirle a Dios las abundantes bendiciones que Él desea darle?" La
propaganda promete que tan sólo orar la sencilla oración de Jabez "liberará el favor, el poder y
la protección de Dios" y le permitirá al Cristiano emprendedor " avanzar hacia la vida para la cual
fue destinado a vivir."
Este tipo de apelación puede que venda libros, pero también invita a la presunción espiritual.
Sin embargo, en su interior hay cosas que admirar. Wilkinson argumenta que la mayoría de los
Cristianos simplemente no han esperado lo suficiente del Creador del Universo. Estimula a sus
lectores a "tener fe en un Dios extraordinario y milagroso" y a "dar un paso frente y actuar en esa
fe." Él enfatiza que esta confianza debe estar arraigada en una total dependencia en Dios, más
bien que sobre cualquier fuerza propia. Le resta importancia a la habilidad y al talento innato,
insistiendo en que Dios usa "gente ordinaria." E insiste en que debemos orar por la agenda de
Dios.
Donde ocurre el problema, y donde el sermón de Spurgeon sobre Jabez, de 130 años de
antigüedad, es instructivo, es en la representación parcializada de a qué se parecería la "agenda
de Dios" -- o en palabras de Jabez, la "bendición." De esta manera nunca nos alejamos mucho
del estilo motivacional de ventas de la portada posterior. A lo largo del libro Wilkinson continúa
hablando acerca de la vida Cristiana en términos de "bendiciones no reclamadas," como el
dinero en una cuenta olvidada que sólo espera ser cobrado por la persona lo suficientemente
audaz como para presentarse al banco y reclamarlo.
Concedido, éste no es el evangelio de la prosperidad de las décadas recientes. Wilkinson
vincula la "bendición" con una mayor efectividad en el ministerio. El trato es, tú oras a Dios que
Él "ensanche tu vida" para que puedas, a su vez, "hacer un impacto mayor para Él." Entonces, "a
medida que sus oportunidades [ministeriales] se expanden, su habilidad y recursos se
incrementan también de manera sobrenatural."
Y, por supuesto, Wilkinson estimula a sus lectores a " permitir que Dios trabaje en sus vidas
independientemente de lo que Él escoja," dado que "esto será siempre para su mejor beneficio."
Pero no hay ninguna pista en este libro de que lo "mejor" podría algunas veces parecerles, a
nuestros ojos humanos, algo menos que una bendición. Hemos de esperar una navegación clara
en tanto que no pequemos y no nos apartemos de la " agenda de Dios." Éste es un mensaje del
estilo siéntete bien. Wilkinson le asegura a sus lectores, " si usted es como muchos que usan la
oración de Jabez... llegará a momentos en su vida cuando se sentirá tan bendecido que dejará
de orar pidiendo más, al menos por un tiempo."
¿Qué acerca de aquellos tiempos cuando nuestras oraciones parecen pegar contra un cielo de
bronce, o cuando batallarnos con el dolor, la decepción o la pena? No obtenemos ninguna pista
en este libro de que tales tiempos existan para personas que "usan" esta audaz oración de
Jabez. Sin embargo, Spurgeon tenía muchas razones para saber que tales cosas si existían.
Pues él fue un hombre que experimentó no solamente un gran " ensanchamiento de territorio,"
sino también un gran sufrimiento.
A lo largo de su vida Spurgeon experimentó ataques de depresión. También soportó la gota,
inflamación de los riñones y otras enfermedades que le desgastaban, que lo dejaban
incapacitado y con un dolor agudísimo por semanas y en una ocasión incluso meses que. Así
pues, cuando llegó a meditar en el hecho de que Jabez recibió su nombre por el excepcional
dolor que su nacimiento le había causado a su madre (1 Crón. 4:9), él aconsejó, " Descubrimos
en gran medida que debemos sembrar con lágrimas antes que podamos cosechar con gozo...
Usted puede esperar una bendición al servir a Dios si está capacitado para perseverar bajo
muchos desalientos."
El tipo de activismo evangélico de Wilkinson requiere una aproximación pragmática, similar a la
de los negocios, de la vida Cristiana. Considera la interrupción – cualquier sufrimiento o dilación
– como intolerables. De hecho, Wilkinson escribe: “¿Cree usted que un Dios sobrenatural va a
aparecerse para mantenerle a usted alejado del mal...? Jabez sí lo creía y actuó en base a su
creencia. De ahí en adelante su vida pasó sin el dolor y la pena que trae el mal.”
Por otro lado, la aproximación de Spurgeon a la vida Cristiana, deja espacio para el dolor y la
demora. Enfocándose como lo hizo en la formación del carácter Cristiano y en la intimidad con
Dios en Cristo, Spurgeon podía tolerar e incluso darle la bienvenida al sufrimiento. Mientras
pensaba en lo que Jabez quiso decir con “bendición,” hizo una reminiscencia de su propia vida:
“Algunas veces he mirado hacia atrás con agradecimiento a mi lecho de enfermo. Estoy seguro
que nunca crecí en gracia la mitad en algún otro lugar de lo que he crecido en mi lecho de dolor.”
A la luz de su propia experiencia de crecimiento a través del sufrimiento, Spurgeon podía afirmar
que el dolor puede traer la más grande bendición posible – el compañerismo eterno con un
Cristo amoroso.
Esto no significa, añadió Spurgeon, que todos debiésemos orar pidiendo dolor. No todos
necesitan esta clase de disciplina. De hecho “no debería ser así”, que cualquiera de nosotros lo
necesite. “Nuestras alegres misericordiosas debieran ser grandes fertilizantes para nuestro
espíritu.” Pero dados los persistentes efectos del pecado en nosotros, “no es infrecuente que
nuestras penas sean más saludables que nuestros gozos. La herramienta que poda es lo mejor
para algunos de nosotros,” y al final “esta leve aflicción puede operar para nosotros un más
excelente y eterno peso de gloria,” una verdadera “bendición.”
Para Wilkinson el pecado aparece como una interrupción temporal, algo que requiere nada más
que una reconciliación apresurada antes que continúe el alegre fluir de la bendición. “Cuando
usted peca después de experimentar la bendición de Jabez” usted debiera “regresar
rápidamente a la presencia de Dios y poner las cosas en orden... No desperdicie ni siquiera un
minuto del milagro que Él ha comenzado en su vida. Un bien indescriptible, para usted y su
familia, se encuentra todavía por delante.”
Spurgeon, por otra parte, sabía que el pecado es mucho, mucho más profundo que las
tentaciones y acciones individuales que pueden ser parchadas por una reconciliación sencilla y
superficial. Su profunda herida algunas veces requiere una cirugía prolongada. Así que animó a
aquellos que experimentan las “noches oscuras del alma” – noches que no tienen lugar en el
esquema de Wilkinson – con estas palabras: “Aunque la grada vaya una y otra vez a tu alma, y
el arado corte profundamente en tu mismo corazón; aunque seas mutilado y herido, y dejado por
muerto, no obstante, si el Espíritu de Dios lo hace, es realmente una bendición.”
Esto, aunque no venderá millones de libros como propaganda en la cubierta posterior, es un
mensaje con un poder profundo y permanente. El dolor puede fortalecer la fe. La aflicción puede
ser, como Spurgeon en otro lado afirma, “el mejor libro en la biblioteca de un ministro.” Pero
después, con 130 años de prosperidad de clase media, parece que millones de Cristianos
Estadounidenses prefieren más bien comprar un libro que le resta importancia a tal dolor
enfocado en Dios.
Para ver el texto del sermón de Spurgeon sobre Jabez (No. 994, vol. 17, año 1871), véase

http://www.theprayerofjabez.com/spurgeon.html

Sobre los sufrimientos de Spurgeon lea el artículo de Historia Cristiana en

http://members.aol.com/pilgrimpub/agonies.htm

Para mucho más sobre Spurgeon vea http://members.aol.com/pilgrimpub/spurgeon.htm

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